La exposición ‘Quinquis de los 80. Cine, prens
a y calle’, que se inauguró ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, pretende hacer un homenaje a un género de cine que surgió hace casi tres décadas donde las figuras principales eran los quinquis, delincuentes, por lo general menores de edad, surgidos de las barriadas marginales.
Navajeros, Perros callejeros, o Yo, el Vaquilla fueron algunas de las películas con más éxito que recrearon a personajes reales. Historias que, en los duros años de la transición, reflejaron la convulsa situación económica y social de las barriadas marginales de las grandes ciudades españolas.
En esta exposición se recuperan esas historias a través de montajes audiovisuales de las películas que se contraponen a recortes de prensa, fotografías, cómics, vinilos, casetes, pósters, documentales de la época y planos urbanísticos de los polígonos del franquismo, el escenario de las correrías de personajes como Juan José Moreno Cuenca (El Vaquilla), José Luis Manzano, Ángel Fernández Franco (El Torete), o El Jaro. Un mundo donde la heroína, el sexo y los tirones estaban a la orden del día.
Estas celebridades de la marginalidad marcaron una época caracterizada por los recreativos, los reformatorios, las drogas y la represión. En casi todos los casos pasaron por la cárcel, más o menos tiempo.
Películas más destacadas del cine quinqui:
- Perros callejeros I(1977) y II (1979), de José Antonio de la Loma: Un drama que trata sobre una pandilla de muchachos, que no
llegan a los dieciséis años, especializados en el robo de coches. Con ellos se dedican al robo del “tirón”, asaltar tiendas para malvender las mercancías, y a atacar a parejas en lugares apartados para desvalijarles, abusando de las mujeres. Sorprendidos a veces en sus fechorías, entablan feroces persecuciones con la policía. El ya fallecido Ángel Fernández Franco, ‘El Torete’, fue el delincuente y actor encargado de interpretar a Juan José Moreno Cuenca, ‘El Vaquilla’, en esta saga cuando contaba con 17 años. Para muchos El Torete fue el máximo exponente de este género cinematográfico.
- Deprisa, deprisa (1980), de Carlos Saura: drama sobre cuatro muchachos que quieren escapar de la realidad en la que viven. Para ello necesitan conseguir dinero, pero no están dispuestos a trabajar durante años para poder ahorrar. Ellos sólo piensan en conseguirlo rápidamente y en vivir deprisa. Protagonizada por Berta Socuéllamos, José Antonio Valdelomar, Jesús Arias y Jose María Hervás Roldan, entre otros, la cinta consiguió el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1981.
- Colegas (1982), de Eloy de la Iglesia: Dos hemanos, Antonio y Rosario Flores, y el novio de ésta, José (José Luis Manzano), deben de enfrentarse diariamente a las dificultades que les produce su extracción social humilde. Ninguno cuenta con empleo y las escasas oportunidades que se les presentan para lograrlo hacen que se fortalezcan los lazos que les unen.
- El pico (1983), de Eloy de la Iglesia: un joven de 17 años,
heroinómano, se escapa de su casa llevándose consigo una pistola de su padre, Guardia Civil. Es entonces cuando el comandante comienza una búsqueda exhaustiva para encontrar a su hijo. Al igual que las demás, la película está protagonizada por un delincuente juvenil. En este caso se trata de José Luis Manzano, un vallecano que empezó a robar con solo 12 años y murió en 1992 en causas desconocidas.
- Yo, el Vaquilla (1985), de Jose Antonio de la Loma: protagonizada por Juan José Moreno Cuenca, el propio Vaquilla, este drama cuenta sus andanzas de delincuencia juvenil en Barcelona. Nacido el 19 de noviembre de 1961 en Barcelona, Moreno Cuenca, de etnia gitana, fue un símbolo carcelario y exponente de una generación de jóvenes marginales.
Otras películas que siempre quedarán para el recuerdo serán Navajeros y La estan
quera de Vallecas, de Eloy de la Iglesia, y la saga de El Lute de Vicente Aranda. Y serán para el recuerdo porque la mayoría de los directores y actores que participaron en estas cintas ya han fallecido, estos últimos por cuestiones de drogadicción.
Los distintos apartados de la exposición abordan el cine quinqui, que fue muy prolífico entre 1978 y 1985 y obtuvo más de un taquillazo en la época: la realidad de los barrios; el salón recreativo como punto de encuentro de los adolescentes de la época y ejemplo de las nuevas formas de ocio que comenzaban a introducirse en el país; la calle (en 1975, el 25% de los mayores de 14 años estaban fuera del sistema educativo); el impacto mediático de estos jóvenes delincuentes de la mano de una prensa sensacionalista que igual los encubraba que hundía en la miseria; los reformatorios (en 1981 había 47.8000 niños menores de 14 años en las prisiones); la superpoblación de las cárceles que originó históricos motines; y los mitos que han perdurado hasta hoy en día.
De ellos ha quedado el mito, y muchas canciones. La rumba callejera se encargó de retratar este fenómeno, en temas como ‘Maldita droga’, de Tony el Gitano, ‘La cachimba’, de Los Chichos o ‘Soy un perro callejero’, de Los Chunguitos. Estilo musical que a día de hoy sigue vivo en las voces de los pertenecientes al llamado ‘neocalorrismo’ y la productora Rumba Tunning.